Desde que empezó la era digital, el fácil acceso a la información ha creado un consumidor más documentado. El consumidor ya no es un mero receptor de ofertas, ahora investiga, cuestiona y pone en duda lo que le ofrece el mercado. Una persona informada adquiere una visión más amplia de la realidad, y cuanto más la conoce, más consciente es de la realidad que lo envuelve. 

El consumidor consciente está sensibilizado con los desastres ambientales, y entiende que hay una conexión directa entre sus actos y las consecuencias. Se siente responsable y se hace cargo porque sabe que lo que compra tiene un impacto en el planeta, su compra es una parte de la solución al problema medioambiental. 

El sector de la alimentación es la causa del 30% del total de la energía consumida. De toda la producción de comida, la de origen animal ocasiona el mayor impacto en el medio ambiente. Las emisiones de CO2 generadas por los alimentos vegetales son entre 10 y 50 veces menores que las de productos de origen animal. Además, la carne, pescado, lácteos y huevos son muy ineficientes a nivel energético. Por ejemplo, un huevo de gallina tiene un ratio de eficiencia de 39:1, es decir que utiliza 39 unidades de energía para producir 1 unidad de comida. 

El consumidor consciente quiere saber de dónde viene su comida y cómo se produce

No solo busca el mejor precio con las mejores condiciones, busca generar un impacto positivo más allá de su propia experiencia gastronómica. A día de hoy más de la mitad de los consumidores prefiere pagar a empresas comprometidas con la justicia social y medioambiental. Buscan empresas íntegras y transparentes, que sean coherentes con lo que dicen y lo que hacen. Deben ser auténticas, tener un propósito alineado con sus acciones, sino perderán credibilidad. 

Dos terceras partes de los consumidores cree que son necesarios grandes cambios en la forma de producir y consumir comida. Las empresas están activas para poder suplir la gran demanda de productos sostenibles y hacerlos accesibles. El sector de la ganadería intensiva se ha dado cuenta que su oferta está desfasada por ser arcaica e insostenible. Las startups han roto con el negocio tradicional proponiendo soluciones creativas a las nuevas necesidades, y estas son respaldadas por las grandes corporaciones que reconocen que deben reinventarse. 

Salud y sostenibilidad a partes iguales

Para el consumidor consciente la salud y la sostenibilidad son dos valores fundamentales que se añaden al placer de comer. En el mercado surgen nuevas alternativas sabrosas, saludables y respetuosas con el medio ambiente, que emergen entre los productos más tradicionales. Proteínas de soja y guisante que imitan la carne y embutidos, quesos cremosos de frutos secos fermentados, huevos a base de harina de garbanzo, pescados hechos a partir de algas; son algunos ejemplos de la ingeniería más innovadora que busca encontrar texturas y sabores complejos para deleitar los paladares con un impacto positivo en el medio ambiente. 

El consumidor consciente no es una moda pasajera, es un rebelde con causa que está concibiendo una nueva forma de comer, y se siente empoderado porque sabe que lo que come ahora está creando el futuro del planeta.

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